Importante reflexión sobre el huaqueo de bienes culturales en nuestro entorno

HUACHO.- José Fernández Sánchez,  nos escribe este comentario a partir de nuestra nota sobre el problema de los certificados de inexistencia de restos arqueológicos en los asentamientos humanos de Huacho. Esta es una importante reflexión sobre el huaqueo de bienes culturales en nuestro entorno.
“De la Barbarie a la Reconciliación con la historia”
Estimados lectores, toca esta vez, llamar su atención de una realidad abrumante, no de un hecho fortuito. De cómo muy pocos aún no comprenden la importancia de identificar, respetar y amar nuestros vestigios históricos. No sólo se trata del hurto de la bandera que flameó San Martín en 1820 cuando por nuestro incontrastable suelo sagrado se hallaba preparando la estrategia del asalto definitivo de la Ciudad de los Reyes, bastión del poder hispano en esta parte del continente americano.

Tampoco nos referimos a la inconmensurable devastación de los abundantes vestigios arqueológicos habidos en nuestra patria chica, como en todo el Perú, víctimas de la sistemática y codiciosa expansión de las haciendas y fundos desde tiempos de la colonia hasta bien entrada la República, en insano desmedro de los restos e impotentes pruebas de la presencia de antiguas culturas de nuestros antecesores locales.

Más bien queremos dar cuenta, por un lado, de las absurdas y aberrantes formas de comportamiento de algunos individuos que aún persisten en su afán codicioso del huaqueo, en busca sobre todo de metales preciosos u objetos de algún valor monetario, destruyendo a su paso los requisitos mínimos que la ciencia exige para un estudio serio de nuestros vestigios.

Por otro lado, ahora se hace imprescindible enfrentar otras -no tan novedosas- formas de destrucción de nuestra cultura. Que si antes, la codicia y la ignorancia se conjugaban con la indiferencia de nuestras autoridades, hoy por hoy, es sumamente aberrante, comprobar formas de barbarie, algo sutiles, más bien a la vista y paciencia de algunas autoridades locales, que empeñados en estar en eternos afanes electoreros y de control de su escaso poder que tristemente usufructúan, prefieren favorecerse de alguna manera con las invasiones conducidos por algunos “dirigentes” que movilizan a la población hacia los sitios arqueológicos que por ley corresponde salvaguardarlos.

Obviamente, en esta realidad, juega un papel muy lamentable la prensa amarilla, que poco se interesa por temas que “no venden”, por ser temas que no impactan en las mayorías habituadas a la frivolidad, al morbo y la violencia. Peor aun, por ser temas que “chocan” con algunas autoridades que los “lubrican” para que defiendan y promuevan sus gestiones de gobierno. Caso concreto resultó por ejemplo, la escasa promoción informativa que mereció el Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina-Amazónica, que se realizó recientemente en Huacho, a cargo de la Universidad José Faustino Sánchez Carrión.

La indiferencia fue tal, que se reflejó en la poca asistencia de los propios intelectuales, profesionales y profesores de Huacho. Precisamente de la capital de esta región nor central, cuna de la civilización desde tiempos del Arcaico Tardío, es decir, mucho antes de existencia de las clásicas culturas que se iniciaron con el Formativo Andino. Cómo es posible que Habiendo sido Huacho la capital de la cultura latinoamericana, sean los huachanos los primeros ausentes de este magno evento, por supuesto, dignas y valiosas excepciones

Felizmente, Barranca ha logrado reivindicar esta desidia con su Foro-Taller Situación de la cultura en la provincia de Barranca. Albricias por ello. Porque las esperanzas se fortalecen con eventos de esta naturaleza. Que a la vez promueven el esfuerzo de importantes proyectos de investigación arqueológica, la conformación de museos escolares y de sitios, que en estos últimos diez años han transformado y enriquecido el conocimiento de nuestra historia milenaria. Hecho que nunca se ha vista en el país. Toda una sub región en pos del descubrimiento y conquista de su pasado histórico.

Huacho mismo, con los trabajos en Bandurria, está corroborando una hipótesis muy valiosa: demostrar que toda nuestra región nor central es única en el continente. Que sus valles, desde el Santa hasta el Chillón, incluyendo el Fortaleza, Pativilca, Supe, Huaura y Chancay, con sus antiquísimos humedales y lomas, ha sido una extraordinaria región cuyos litorales y valles llenos de agua dulce casi a flor de tierra, han podido conformar un extraordinario ecosistema apto para los asentamientos de miles de años, que vivían alimentándose de su mar, rico de una increíble variedad ictiológica, rica en nutrientes, proteínas y minerales.

A medida que los estudios arqueológicos avanzan, estamos encontrando una inmensa diversidad de sitios que demuestran la presencia de grandes asentamientos humanos con más de 4,500 años de existencia. No somos pues sede de un simple atractivo para la explotación turística. Somos la revelación científica única en la historia de la humanidad en esta parte del hemisferio. Por tanto nos merecemos una consideración a la medida de nuestro aporte cultural.

Pero la mejor y mayor consideración nos la debemos a nosotros mismos. ¿Cómo es posible que algunos pueblos sientan una ridícula rivalidad chauvinista, de sentirse más antiguas que otros? Que algunos, poco informados, pretendan sentirse “primeros”, por encima de sus vecinos. Felizmente, la arqueología está corrigiendo nuestras veleidades. En el valle de Pativilca encontramos algunos restos de gran profundidad histórica como en Végueta, al igual que los vestigios en el valle de Pativilca. Lo mismo nos dicen las excavaciones en la parte media del valle de Chancay, y así por el estilo. Todos ellos, a partir de los empeñosos trabajos de campo que hace diez años se hacen en Caral.

Entonces, hasta que la ciencia no diga su próxima palabra, el Norte Chico está siendo el cenit de los estudios arqueológicos en el país y en el mundo. Pero el gran problema es que estos recientes estudios, no se reducen a la valoración cronológica, sino, sobre todo, a las características culturales que exponen nuestras primigenias culturas desde el Arcaico Tardío en esta parte del país. Aquí está la otra parte de nuestra poca consideración que nos debemos. Es insignificante lo que se difunde al respecto.

Se nos debe una minuciosa y sistemática información de los avances científicos que vienen dando a luz tantos conocimientos, que aún no llega al dominio siquiera de la misma universidad local, menos en el espacio escolar. Porque las autoridades correspondientes no tienen la información ni el interés de difundirlos. Pareciera que aún no se logra una “buena química” de entendimiento entre la ciencia y la política. Los eventos son escasos, la información bibliográfica no está al alcance del bolsillo de las personas de a pie.

Mientras que los arqueólogos estén exclusivamente abocados a sus trabajos científicos, sus entornos sociales se sentirán excluidos de estos esfuerzos, mientras sigan viviendo o mejor dicho, sobreviviendo en medio de la pobreza y abandono. Peor aun, cuando la escuela de al lado, nada tenga que ver con sus también abandonadas huacas, pero que, curiosamente, la presencia de “extraños”, perturben sus pesares. ¿No será que haga falta un real encuentro entre el arqueólogo y la comunidad?

No será que haga falta que la comunidad tome parte de esta inquietud y asuma una responsabilidad colectiva ante su historia, ante un recurso cultural que a lo mejor mejore su actual condición menesterosa? No será que los recursos en favor de la ciencia, sea también reforzada y de mutua retribución conla población aledaña? ¿No será posible una simbiosis de lo cultural con lo económico? Como por ejemplo, la divulgación cultural de los aportes científicos a cargo de la propia comunidad? ¿No será conveniente mantener diálogos concientizadores de promotores culturales de las mismas zonas con sus pares de las comunidades y pueblos cercanos a los sitios arqueológicos?

Pero, podemos seguir dando cuerda al asunto. Cuando vemos que las instituciones educativas y las autoridades del ramo y las ediles podrían ser de un extraordinario soporte en la gestión del aprendizaje de estos nuevos y valiosos conocimientos histórico culturales, de la mano del soporte científico y académico de los propios arqueólogos que trabajan en todos los valles del Norte Chico. Sólo falta que alguien tome el liderazgo de convocar a todos los involucrados en esta enorme pero maravillosa tarea de renovar los conocimientos que se difundan en los colegios y en la misma comunidad, vía los medios de comunicación masiva y semi masiva. “¿Quién le pone el cascabel al gato?”

Uno de los grandes rubros en todo proyecto de investigación arqueológica, deberá pues consignar en sus propuestas, para obtener la financiación correspondiente, además de lo económico, la promoción cultural de la comunidad en coordinación con los protagonistas de su ámbito escolar. Por ejemplo, el trabajo coordinado y permanente en los esfuerzos de divulgación académica como curricular, cuando se trata del aporte de las instituciones educativas y del profesorado en general, con los Porque de la forma como, se viene dando, no pocos pobladores, incluyendo sus autoridades locales, tendrán por seguro, que la prioridad la tienen los peruanos del momento actual y no del pasado. Dejando de lado la importancia del rescate y la preservación de nuestro patrimonio histórico cultural. Que para aquellos, salir de la pobreza actual, y menos importante será recuperar la memoria, del encuentro con el conocimiento primigenio que nos identifica y convalida ante los demás y ante el mundo, que nos articule con el legado histórico prehispánico. Busquemos reconciliarnos los de hoy con nuestro pasado. No tienen que ser necesariamente excluyentes, porque tampoco la ciencia es culpable de la forma cómo se maneja la política en el país, más bien complementarnos en justicia. Ya Caral ha dado pasos en este sentido.

No sigamos pues reduciendo más a nuestro histórico Norte Chico a la triste y mínima expresión por la indiferencia, la insensibilidad y la mediocridad, habiendo sido una impresionante despensa de milenarios procesos culturales, posiblemente uno de los más grandes y significativos hitos en los orígenes de la civilización andina. Cuyos restos arqueológicos sobrepasan los 4,500 años de antigüedad. Entonces, hagamos esfuerzos mutuos para reconciliarnos y avanzar en el descubrimiento de nuestro valores de la solidaridad, la retribución, la previsión y del bien común, que marcaron una gran diferencia con las viejas civilizaciones de los llamados Occidente, Medio Oriente y del Extremo Oriente. Entendámoslo muy bien: somos otra nueva raza muy distinta.

#arqueologia, #norte-chico