¿Fue Caral más sagrada que Bandurria, Vichama o el Áspero?

CARAL.- Leer en la panamericana un letrero que diga “Ciudad Sagrada de Caral” induce a pensar que Caral fue una meta de peregrinaciones en su época. Sin duda fue una ciudad, la más extensa de su época en toda América. Pero ¿En que sentido sería una ciudad sagrada? Roma, Jerusalén, La Meca son ciudades sagradas por sus reliquias históricas y templos meta de peregrinación de las tres religiones monoteístas. Por contra, no tenemos datos que nos lleven a la conclusión que Caral fuese más sagrada que otras ciudades de su entorno.

Si las analizamos bien, todas ellas tienen los mismos tipos de estructuras ceremoniales en forma de plataformas superpuestas con plazas circulares hundidas, manifestando que en ellas se realizaban los mismos ritos y cultos. Áspero, Vichama y Bandurria entre otras serían entonces sagradas ni más ni menos que Caral.

Recordamos los dos conceptos de la definición “Ciudad Sagrada”

No está en discusión el título de ciudad: Es un espacio físico construido, planificado o no, con una alta densidad de población en donde sus habitantes residen de manera permanente, residen los organismos de gobierno y culto, y se dan actividades de producción de bienes y servicios. Algunos consideran ciudades a asentamientos con una población mayor de 2,500 habitantes.

Sino hay que ver en que sentido se aplica el término sagrado a Caral y si es exclusivo para ella.

Concepto de sagrado para los primitivos habitantes de la costa peruana. Para ellos el concepto de sagrado no se oponía al de profano, delimitando dos categorías de la experiencia como en las sociedades modernas. “La naturaleza era el espíritu visible y el espíritu era la naturaleza invisible” (Schelling). Nosotros entendemos por paisaje la naturaleza culturizada, -la cual para el hombre antiguo fue sinónimo de sacralizada-, cuyos componentes -animales, plantas, fenómenos atmosféricos y celestes, formaciones geográficas, etc.- no eran concebidos en dispersión, aislados o conceptualmente abstraídos, sino estrechamente vinculados con los demás y dispuestos en un espacio dotado de sentido y significación.
En consecuencia, el concepto de artificial -y en este caso de paisaje artificial- es inexistente o no aparece contrapuesto a paisaje natural. Lo que actualmente concebimos como paisaje artificial, -es decir la naturaleza intervenida y transformada por el trabajo humano- era, en realidad, tomando prestado un termino de Schelling, sobrenaturaleza. El termino “paisaje”, sugiriendo una experiencia desacralizada de la naturaleza, no existe en el quechua tradicional. En pocas palabras: “Para la mentalidad arcaica, la naturaleza no es nunca exclusivamente ‘natural’” (Mircea Eliade). Fuente: Carlos Brignardello, Simbología prehispánica del paisaje.

Hablar de Ciudad Sagrada para realzar la importancia de Caral respecto a otros asentamientos es entonces un anacronismo porque la distinción entre sagrado y profano no es propia de la época y de la cultura del valle del Supe.
Como insiste Brignardello: La palabra quechua que más se acerca al significado de sagrado era Huaca: “cada cosa en que se manifiesta lo sagrado. El culto a las huacas se extiende a toda la realidad, pero resuena particularmente en un objeto, persona, animal, planta, lugar o paraje determinado, que por algún motivo suscita la sensibilidad religiosa del individuo o de la colectividad”

Recordamos las características principales de Caral:
Se encuentra ubicado en la margen izquierda del río Supe, sobre una gran terraza que está a 350 metros sobre el nivel del mar. Este sitio ocupa un área de 66 hectáreas. En Caral destacan 7 grandes pirámides rodeadas por otras estructuras pequeñas. La investigaciones a cargo de Ruth Shady, Jefa del Proyecto Arqueológico Especial Caral-Supe (PEACS), postulan que el sitio corresponde a una ciudad que estuvo dividida en 2 sectores: uno alto o hanan (al norte) y otro bajo o hurin (al sur). En el sector alto se ubican las 6 pirámides principales rodeando una gran plaza. En el sector bajo destaca la pirámide del Anfiteatro y varios edificios menores alineados con esta.
En el Sector Alto destaca la Pirámide Mayor, la cual consta de un volumen piramidal escalonado trunco y una plaza circular adosada a su fachada. Otras importantes estructuras son las llamadas Pirámide de la Galería, denominada así porque se encontró un pasaje interior similar a una galería subterránea, pintado de blanco y adornado con nichos; y la Pirámide de la Huanca, llamada así por estar alineada con una huanca.
La Pirámide del Anfiteatro es la estructura más importante del Sector Bajo de Caral y, como tal, es considerada como la contraparte de la Pirámide Mayor, con la cual comparte la característica de tener una plaza circular. Esta pirámide es una plataforma más bien pequeña y de poca altura, sobre la cual se han construido varios recintos y está completamente rodeada por una muralla que separa una amplia zona vacía a su alrededor. Se le adosa una monumental plaza circular, que en uno de sus lados tiene una sucesión de pequeñas plataformas a modo de graderías, semejante a un anfiteatro (de allí el nombre) y delante de esta, una plataforma rectangular. Además, dentro del perímetro que bordea la pirámide está el Altar del Fuego Sagrado (Shady, 2003), una estructura de la tradición arquitectónica Mito.
En la periferia de las estructuras monumentales se han ubicado sectores residenciales que están conformados por grupos de pequeñas construcciones de un solo piso, las cuales han sido interpretadas como viviendas de los habitantes de Caral. Se han encontrado diferentes tipos de recintos residenciales, los cuales pertenecerían a los diferentes estratos sociales del sitio (Shady 2003).

Conclusiones
Esta descricpción nos recuerda que Caral fue la más destacada Urbe en toda América durante el tercer milenio antes de Cristo; sin duda en nuestra región tuvo un papel protagónico. Sin embargo los datos arqueológicos no nos permiten definir para ella una sacralidad mayor a los otros asentamientos de su época que contaron con templos monumentales. Tampoco tenemos hasta ahora pruebas que fuese meta de peregrinación de carácter religioso de parte de otras ciudades, ni que ellas fueron simplemente sus satélites.
De repente no deberíamos interpretar los hallazgos como si se tratara de un moderno estado centralista sino como una red de pueblos vinculados por unas creencias comunes y por relaciones comerciales pero todavía no tan hierarquizados.

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