El culto andino a las huacas
El culto andino a las huacas
En las descripciones acerca del los ritos prehispánicos encontramos una actitud constante de los sacerdotes al acercarse a sus huacas durante ceremoniales y oráculos. En varias páginas se menciona que estas actividades litúrgicas se desarrollaban con gravedad y unción, generalmente en atmósfera lúgubre, dando ostensibles muestras de aflicción a fin de despertar compasión en la divinidad. Turbación y llanto, tormentos, vocerío y gritos, eran parte de ese escrupuloso acercamiento causado por el temor reverencial que inspira lo sagrado.
Sólo los sacerdotes -esto es los mediadores-, cuya vida implicaba un ejercicio constante y admirable en la administración y dominio de estas fuerzas, podían acercarse con relativa impunidad al ídolo o huaca. "La gente común no iba personalmente al Sol ni a la guaca, porque tenían gran temor, sino, cuando se le ofrecía alguna necesidad, iban a un hechicero, que había muchos y hablaban con la guacas y eran como sacerdotes; y a estos daban las cosas que llevaban para hacer sacrificios; y dicen que a estos hablaban las guacas y daban respuestas de lo que había de acaecer sobre lo que les preguntaban" (Santillán).
Como es natural, las súplicas y lamentos se exacerbaban durante los eclipses, endechas funerarias, sequías, epidemias, y en cualquier momento crítico de la vida del hombre, de las colectividad y del universo. Huamán Poma menciona la ceremonia llamada uacachicos o "lamentos rituales", los procesionantes gimiendo, las penitencias hechas a la Luna durante las festividades del mes de enero.
Pero volvamos atrás, al principio, a inquirir por el origen de la palabra hauca.
Huá es, a no dudarlo, onomatopeya del llanto, del gemido, del vagido del niño, y, por tanto, expresión de pena aflictiva.
Huá y Hua aparecen en González Holguín y significan: "Admiración de lastima", "Tener lastima"
"Guaca es nombre triste" (Cieza)
"Huaca, pronunciada la última sílaba en lo más interior de la garganta, se haze verbo: quiere dezír llorar" (Garcilaso de la Vega).
Para resolver cualquier resquicio de duda acerca de la asociación de este vocablo, el llanto y las ceremonias religiosas, están las crónicas de Francisco López de Gómara y Antonio de la Calancha: "y hasta algunos -escribe el primero refiriéndose al diálogo entre los sacerdotes y las huacas- se rompen los ojos para tener semejante conversación, y creo que lo hacían de miedo, porque todos ellos se tapan los ojos cuando hablan con él... Entran en los templos llorando y guayando, que guaca quiere decir eso. Van de bruces por tierra hasta el ídolo, y hablan con él en lenguaje que los seglares no entienden. No les tocan con las manos sin tener en ellas unas toallas muy blancas y limpias..." Concluye De la Calancha: "Huaca... quiere decir, llanto i lloro, porque en los templos y adoratorios se juntaban a llorar para pedir mercedes o perdones a sus ídolos".
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