Archivos de: Octubre 2009
Daré la paz a los trabajadores del templo espiritual
La venida de nuestro Salvador en el tiempo
fue como la edificación de un templo sobremanera glorioso;
este templo, si se compara con el antiguo,
es tanto más excelente y preclaro cuanto
el culto evangélico de Cristo aventaja al culto de la ley
o cuanto la realidad sobrepasa a sus figuras.
Con referencia a ello:
en un solo lugar y sólo un pueblo podía ofrecer en él sus sacrificios.
En cambio, cuando el Unigénito se hizo semejante a nosotros,
la tierra se llenó de templos santos y de adoradores innumerables,
que veneran sin cesar al Señor del universo
con sus sacrificios espirituales y oraciones.
En verdad, la gloria del nuevo templo, es decir, de la Iglesia,
es mucho mayor que la del antiguo.
Quienes se desviven y trabajan solícitamente en su edificación obtendrán,
como premio del Salvador y don del cielo,
al mismo Cristo, que es la paz de todos,
por medio de quien tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu;
así lo declara el mismo Señor, cuando dice:
En este sitio daré la paz a cuantos trabajen en la edificación de mi templo.
San Cirilo de Alejandría
El árbol ES el universo
Por su facultad de regenerarse incesantemente ciertos árboles prefiguran el cosmos vivo; otros, que conllevan estacionalidad y por ende exaltación de lo cíclico, alegorizan su periódica animación y depresión. Añádase a ello la trilogía de niveles que encierran y representan(copa: cielo; tronco y ramas inferiores: tierra; raíces: mundo subterráneo) y se entenderá la aseveración de que "el árbol es el universo, y es el universo porque lo repite y lo resume a la vez que lo 'simboliza'."
La eclosión de verdor arriba, sensual y airado, nutrido de hojas, de pintadas flores y frutos, frecuentado por pájaros que vuelan entre su ramaje, sometido a la luz, mecido por el viento, perdiendo pero siempre regenerando, ejemplifica la aparición de las formas y su variedad en el mundo, la manifestación de un principio sujeto a una continua e inacabable transformación.
La unicidad del tronco, en cambio, sobrio, descarnado, representa el soporte permanente del universo, la síntesis subyacente.
Afianzado a las entrañas, la raigambre largamente hundida, frecuentemente asimilada a las sierpes, se incorpora a lo primordial sustentándose en la oscura morada.
Equiparándose a los extremos, el árbol el el axis mundi que enlaza la polaridades alcanzándole el prestigio del centro."Pone en relación el mundo ctónico y el mundo uránico. Reúne todos los elementos: el agua circula con su savia, la tierra se integra a su cuerpo por sus raíces, el aire alimenta a sus hojas, el fuego surge de su frotamiento." (J. Chevalier y A. Gheerbrant)
Carlos Brignardello
El árbol, simbolo antropológico
El árbol merece nuestra consideración. En él el hombre ve algo que le es pasmosamente propio: verticalidad audaz; analogías morfológicas, algunas perennizadas en el lenguaje, que permiten comparar la cabeza con la copa, los brazos con las ramas, el torso con el tronco, la piernas y pies con raíces; cierto anhelo de altura y trascendencia -sabemos que el árbol, como el sendero de la montaña o la cuerda, es, para las religiones que sitúan el otro mundo en el cielo, o en una región superior, un medio de ascensión-; y, finalmente, quizá lo que más le asombre, el misterio de la alternancia de la vida y de la muerte y la ejemplarización de la regeneración o resurrección. Así la postura vertical es el primero y más importante de todos los criterios comunes a la totalidad de los hombres y a sus antepasados, la afinidad esencial, incluso la identidad entre el hombre y la planta.
Carlos Brignardello

