Homilía en la misa de mes de Giovanni Cortesi
Homilía en la misa de mes de Giovanni Cortesi
Hay páginas en la Biblia bastante misteriosas.
Entre ellas destacan los cantos del Siervo de Javhé en Isaías.
La primera lectura de hoy nos refiere que un peregrino extranjero, un alto funcionario de la Reina de Candaces los leía sin entender a quien se refieren.
El necesitó del apoyo de Felipe, un creyente, uno de los siete diáconos, quien, a partir de esa lectura, "le anunció el evangelio de Jesús".
A veces también nosotros cojeamos en nuestra búsqueda de Dios, leemos pero no encontramos solución.
Vamos a ver esas palabras misteriosas:
"Como cordero llevado al matadero
enmudecía y no abría la boca
sin defensa, sin justicia se lo llevaron"
Me nace describir con estas palabras la muerte de mi padre.
En un momento se lo llevó, con un infarto rápido como un relámpago. Mi mamá estaba presente, pero el papá no tuvo tiempo para decir una palabra: se cayó al suelo, y se acabó su vida. Sin defensa, sin abrir la boca.
Nos preguntamos el porqué y - al igual que el funcionario de la lectura de Hechos - nos quedamos sin respuesta.
Y no podemos encontrar alguna sino en la fe de la Iglesia que nos manifiesta - como hizo Felipe - la buena noticia de la salvación en Cristo.
En el evangelio de hoy el mismo Cristo nos da una respuesta cierta:
"Nadie puede venir a mi, si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día"
Los discípulos no se capacitaban de la muerte de Jesús. Necesitaron al Espíritu Santo, quien les enseñó que esta muerte era un Pascua, un pasaje hacia el Padre.
Y, desde esta perspectiva, la muerte de los hijos de Dios siempre es participar de esta Pascua de este pasaje.
Lo confirmamos con nuestra fe, que plasma las palabras de Jesús en un canto:
"Yo lo resucitaré en el día final"
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